¿A vosotras también os cambia el ánimo según cómo vais vestidas?
No sé si os pasa, pero hay días en los que sales de casa con cualquier cosa puesta y parece que ya empiezas el día un poco torcida. No hablo de ir arregladísima ni de maquillarte si no te apetece, ni de tener un armario perfecto de esos de Pinterest que luego en la vida real no sabes dónde meterías, porque entre lavadoras, prisas y armarios petados, bastante tenemos
Me refiero a otra cosa. A esos días en los que te pones una camiseta que te queda bien, unos pendientes, unas sandalias cómodas o un color que te da buena cara, y de repente notas que vas un poco distinta. Te notas con más seguridad en ti misma.
Y ojo, no significa vestirnos para gustar a nadie. Bastante nos han mareado ya con que hay que estar monas, delgadas, femeninas, naturales pero arregladas, cómodas pero estilosas, sexys pero no demasiado, elegantes pero sin parecer que lo intentas, etc, etc...
Por eso esta pregunta tiene mucho que reflexionar ¿la ropa puede influir en cómo nos sentimos con nosotras mismas?
Hay prendas que te suben un poco y otras que ya no van contigo
Todas tenemos ropa que nos hace sentir mejor, que tiene algo. Unos vaqueros que no te hacen pelearte con ellos, una chaqueta que te da seguridad, un vestido que te gusta aunque no sepas explicar por qué, un jersey cómodo pero bonito, unos pendientes que te arreglan la cara aunque lleves el pelo regular.
Y luego está esa otra ropa que sigue en el armario por pura inercia. La que aprieta. La que guardas “por si acaso”. La que compraste pensando en una versión de ti que por ahora no está. La que fue de otra etapa y ahora, cada vez que la ves, te deja una sensación rara.
A veces el armario no está lleno solo de ropa. También está lleno de etapas, cuerpos anteriores, expectativas, regalos que no eran nuestro estilo, compras rápidas y prendas que quizá físicamente caben, pero emocionalmente ya sobran.
No creo que haya que hacer una limpieza radical cada dos meses ni vivir en modo gurú del orden. Pero sí puede venir bien mirar algunas prendas y preguntarse:
¿Esto me ayuda a sentirme bien o me agobia cada vez que lo veo?
Porque hay ropa que ya cumplió su función. Y soltarla, guardarla aparte o simplemente dejar de obligarte a usarla también puede ser una forma de hacer espacio.
Vestirse mejor no significa ir perfecta
A veces, cuando se habla de cuidar la imagen, parece que automáticamente estamos diciendo: arréglate más, ponte tacones, maquíllate, hazte ondas, compra ropa nueva.
Y no. Qué pereza.
Para mí, vestirse mejor puede ser algo mucho más sencillo: dejar de usar prendas que no te encantan, buscar ropa que te siente bien ahora, tener varias combinaciones que sabes que funcionan y encontrar una forma de ir cómoda sin sentirte invisible ni llamativa.
Porque estar cómoda no tendría que ser sinónimo de ir hecha un cuadro.
Y esto lo digo con todo el respeto del mundo al chándal, al pijama viejo y a esa camiseta vieja de dormir. Hay días de “hoy bastante es estar vestida”, :y esos días también tienen su lugar.
Pero si una lleva meses vistiendo desde el agotamiento, desde el “total, da igual”, desde el “cuando adelgace ya me compraré algo bonito” o desde el “ahora no estoy para mí”, quizá ahí hay algo que mirar. No para machacarse, sino para darse cuenta de si nos estamos dejando siempre para después.
El cuerpo cambia, y el armario a veces se queda en otra época
Este punto me parece de los importantes.
El cuerpo cambia por edad, maternidad, estrés, salud, medicación, hormonas, duelos, ansiedad, falta de tiempo o simplemente porque la vida pasa. Y muchas veces seguimos intentando vestir un cuerpo que ya no es exactamente el de antes.
Entonces llegan las peleas con los pantalones, las tallas que te amargan la mañana, la ropa guardada “para cuando vuelva a estar como antes” y esa sensación de que el problema eres tú.
Pero quizá el problema no es tu cuerpo. Quizá el problema es que estás intentando encajar en ropa que pertenece a otra etapa.
Y esto no significa resignarse ni dejar de cuidarse sino de dejar de hablarte mal cada mañana delante del armario.
Tu cuerpo actual también merece ropa que le de comodidad y le siente de maravilla.
Comprar menos, pero elegir mejor
Aquí también creo que hay un tema interesante. Muchas veces compramos ropa por impulso, porque está barata, porque necesitamos salir del paso, porque “total, para diario”, porque nos apetece algo nuevo o porque entramos a mirar y salimos con una bolsa llena.
No pasa nada, nos ha pasado a todas.
Pero con el tiempo te das cuenta de que hay prendas que duran dos lavados y otras que te acompañan años. Y eso también cambia cómo te sientes.
Un buen abrigo, unas botas cómodas, una camisa con un tejido bonito, un jersey que no se deforma enseguida, un bolso que te arregla cualquier conjunto o un pantalón que no te obliga a recolocarte cada cinco minutos pueden hacer más por tu armario que diez compras rápidas que luego ni te emocionan ni te duran.
No hablo de comprar marcas caras porque sí, ni de gastar más de lo que una puede. Hablo de comprar con más intención. Menos prendas “por si acaso” y más cosas que realmente usas, te sientan bien, te duran y te hacen sentir un poco más especial en un día normal.
Porque lo especial no debería quedarse solo para bodas, cenas o eventos. También puedes ponerte algo bonito un martes cualquiera, aunque solo vayas a trabajar, a hacer recados o a tomarte un café.
A veces una prenda buena cambia mucho más que cinco compras que llenan el armario pero no te solucionan nada.
Vestirte según cómo quieres sentirte
Una cosa que puede ayudar es cambiar la pregunta. En vez de abrir el armario pensando solo “qué me pongo”, quizá probar con:
¿Cómo necesito sentirme hoy?
Hay días en los que necesitas ir cómoda. Otros, sentirte un poco más segura. Otros, más femenina. Otros, práctica. Otros, simplemente no ir incómoda ocho horas.
Desde ahí tienes que elegir y a lo mejor no haces nada espectacular: una camiseta de un color que te favorece, unos pendientes pequeños, una chaqueta que te estructura un poco, unas zapatillas limpias, un perfume, un pañuelo, un pintalabios suave o esa combinación que ya sabes que funciona.
Son cosas pequeñas, sí. Pero hay días en los que una cosa pequeña te ayuda a entrar en el día de otra manera.
También hay que decirlo: arreglarse a veces cansa
No todo va a ser “qué bonito es vestirse”. A veces da pereza. Mucha.
Cansa pensar qué ponerte, que la ropa siente diferente según el ciclo, el calor, la tripa, el ánimo o ese pantalón concreto que claramente tiene vida propia. Cansa probarte cosas y que nada te convenza. Cansa que muchas tiendas parezcan diseñadas para cuerpos que solo existen en los escaparates. Cansa abrir el armario y sentir que tienes ropa, pero nada que ponerte.
Por eso el objetivo no debería ser ir siempre ideal. El objetivo, al menos para mí, sería tener un armario que te lo ponga un poco más fácil.
Ropa para tu vida real. Para tu cuerpo actual. Para tus rutinas. Para tus días buenos y también para los días normales. Cosas que puedas combinar sin tener que estar haciendo mil combinaciones cada mañana y dejar la cama llena de ropa o todo desordenado y encima irse de mal humor y con la hora pegada.
Menos prendas que te hacen sentir mal y más prendas que no te complican la vida.
Algunas ideas sencillas para probar
Una cosa que funciona muy bien es tener dos o tres conjuntos salvavidas. No tienen que ser elegantes ni especiales, solo conjuntos que sabes que te sientan bien y que puedes ponerte cuando no tienes energía para pensar.
También ayuda separar la ropa cómoda de la ropa que te agobia un poco por el motivo que sea.
Otra idea: apartar durante un tiempo la ropa que ahora mismo te hace sentir mal. No hace falta tirarla si no quieres, pero tampoco tiene que estar en primera fila recordándote cada mañana algo que no te ayuda.
Y algo muy simple: observar qué colores te dan buena cara, qué tejidos te gustan, qué cortes te hacen sentir más cómoda y qué prendas usas de verdad. No las que imaginas que usarás en una vida paralela con más planes, más cenas y menos lavadoras. Las de tu vida real.
Al final no va solo de ropa
Creo que este tema engancha porque no hablamos solo de ropa.
Hablamos de cómo nos miramos, de cómo tratamos nuestro cuerpo cuando cambia, de si nos vestimos para escondernos o para acompañarnos, de si hemos dejado de cuidarnos sin darnos cuenta, de si seguimos guardando prendas de una etapa que ya no somos.
Y también hablamos de esos gestos pequeños que a veces te devuelven un poco a ti: ponerte unos pendientes, cambiarte la camiseta, comprarte un pantalón de tu talla actual sin dramas, invertir en una prenda buena que sabes que vas a usar mucho, soltar algo que ya no te hace bien.
Para comentar
¿A vosotras os cambia el ánimo según cómo vais vestidas?
¿Tenéis alguna prenda que os haga sentir mejor nada más ponérosla?
¿Os pasa que hay ropa que está “bien”, pero a vosotras os baja la energía?
¿Preferís comprar más cantidad o pocas cosas de más calidad que os duren y os hagan sentir mejor?
¿Habéis tenido alguna etapa en la que dejasteis de arreglaros?
¿Tenéis algún conjunto salvavidas para esos días en los que no queréis pensar, nos contáis como es?
Os leo, porque parece un tema superficial, pero debajo hay bastante: autoestima, cambios de cuerpo, etapas de vida, cansancio, estilo, comodidad y esa necesidad tan humana de volver a reconocernos un poquito en el espejo.