¿Por qué ahora tantas series meten personajes en OnlyFans?
¿Os habéis fijado en que últimamente parece que en cualquier serie moderna aparece alguien con OnlyFans? O alguien que se plantea abrirse uno, o que lo usa para pagar deudas, o que lo oculta, o que acaba metida en un lío tremendo por culpa de una foto, un vídeo, un chantaje o una decisión tomada en un momento muy bajo.
Y claro, yo pienso: vale, ¿esto es casualidad o Netflix nos está intentando decir algo?
Porque hace unos años, si una serie quería hablar de dinero rápido, precariedad o vida complicada, tiraba de otros recursos: un trabajo mal pagado, una camarera agotada, una deuda, una familia sin recursos, una chica que se iba a la gran ciudad a “buscarse la vida”. Ahora, muchas veces, aparece OnlyFans como atajo narrativo.
Y no creo que sea porque de repente a todos los guionistas les haya dado por lo mismo sin más. Creo que aparece tanto porque toca varios nervios de esta época a la vez: dinero, cuerpo, exposición, redes sociales, deseo, necesidad, vergüenza, libertad, juicio ajeno y esa fantasía tan moderna de “puedo monetizarme yo misma desde casa”.
Que dicho así suena muy Silicon Valley, muy “sé tu propia jefa”, pero luego la vida real suele venir con bastante menos glamour y muchas más capturas de pantalla.
OnlyFans no sale en las series solo por morbo
Es verdad que muchas veces se usa para generar impacto. Eso no lo vamos a negar. Pones OnlyFans en una trama y ya tienes conversación, titulares, polémica y medio internet opinando.
Pero creo que hay algo más.
OnlyFans se ha convertido en una especie de símbolo. No es solo una plataforma. Es una forma rápida de hablar de una realidad muy concreta: gente intentando sacar dinero en una economía cada vez más apretada, usando lo único que parece tener a mano, que muchas veces es su imagen, su intimidad, su cuerpo, su tiempo y su capacidad de aguantar exposición.
Y eso a la ficción le viene muy bien porque concentra muchísimos conflictos en una sola decisión.
Una chica abre una cuenta y ya aparecen preguntas por todas partes:
¿Lo hace porque quiere o porque no le queda otra?
¿Se siente libre o se está poniendo en riesgo?
¿Está ganando dinero o vendiendo una fantasía de dinero fácil?
¿Quién se beneficia realmente?
¿Qué pasa si alguien de su entorno se entera?
¿Qué queda de una decisión digital cuando se escapa de tus manos?
Como trama funciona muy bien. Demasiado bien, casi.
Porque en el fondo no están hablando solo de sexo. Están hablando de dinero, de poder, de vergüenza y de cómo seguimos mirando el cuerpo de las mujeres como si fuera un sitio donde todo el mundo tiene derecho a opinar.
La fantasía del dinero rápido engancha mucho
Una de las cosas más potentes de OnlyFans, tanto en la vida real como en la ficción, es la promesa de autonomía.
La idea de: “yo controlo mi contenido, yo decido, yo gano mi dinero, yo no tengo jefe”.
Y claro, eso tiene algo muy atractivo. Sobre todo para una generación que ha visto sueldos bajos, alquileres imposibles, trabajos agotadores, horarios absurdos y esa sensación permanente de que hagas lo que hagas siempre llegas justa.
En una serie, esa idea entra sola. Una protagonista necesita dinero, ve una salida rápida, prueba, gana algo, se siente poderosa… y a partir de ahí empieza el lío.
Porque la parte que menos se cuenta es que no basta con subir contenido y esperar a que llueva el dinero. Hay que promocionarse, contestar mensajes, mantener una fantasía, competir con miles de perfiles, exponerse, aguantar comentarios, negociar límites, gestionar pagos, proteger la identidad, soportar el juicio social y, muchas veces, trabajar muchísimo más de lo que parece.
Vamos, que lo venden como “ingresos desde casa”, pero no deja de ser trabajo. Y un trabajo con una carga emocional, ética y mental bastante seria.
Y aquí entra algo que me parece importante: muchas veces se vende como empoderamiento algo que también puede ser agotamiento. Como si el simple hecho de ganar dinero con tu cuerpo ya fuera automáticamente liberador.
Y no siempre.
A veces sí puede ser una decisión libre, pensada y bien llevada. Pero otras veces puede ser otra forma más de exigencia: ahora también tienes que ser sexy, disponible, emprendedora, simpática, constante, rentable y emocionalmente fuerte para aguantar lo que venga.
Una maravilla, vaya. La mujer multitarea, versión algoritmo.
Lo que la tele sí está captando: la precariedad disfrazada de elección
Aquí es donde a mí me parece que el tema se pone interesante.
Muchas veces se habla de estas plataformas como si todo fuera libertad absoluta o explotación absoluta. Y la realidad suele ser mucho más incómoda, porque puede haber partes de las dos cosas.
Puede haber mujeres que lo eligen de forma consciente, que ponen límites, que ganan dinero y que no quieren ser tratadas como víctimas.
Y también puede haber mujeres que llegan ahí por necesidad, por deudas, por presión, por falta de opciones o porque les han vendido una película de “esto es dinero fácil” que luego no era tan fácil.
La pregunta importante no es solo si una mujer “elige” hacerlo.
La pregunta también es: ¿en qué condiciones está eligiendo?
Porque no es lo mismo elegir algo con dinero en el banco, apoyo, información, seguridad y alternativas, que elegirlo con el alquiler encima, cero colchón, una criatura que mantener o una deuda que te está respirando en la nuca.
Y esto no pasa solo con OnlyFans. Pasa con muchas decisiones laborales. Pero aquí se ve más porque entra el cuerpo, entra la intimidad y entra el juicio moral de todo el mundo, que para opinar sobre la vida de las demás siempre hay voluntariado.
Lo feminista, para mí, no es decirle a una mujer lo que tiene que hacer con su cuerpo. Bastante nos han dicho ya.
Lo feminista sería mirar también el contexto: si tiene opciones reales, si está protegida, si gana ella o ganan más otros, si puede salir cuando quiera, si puede poner límites, si la sociedad la va a castigar más a ella que al señor que consume ese contenido tan tranquilamente desde el sofá.
Porque ahí está el tema.
No solo en la elección. También en el precio que se paga por elegir.
La tele lo usa porque habla de dinero, pero también de vergüenza
Otra cosa que me llama la atención es que OnlyFans en las series casi nunca es solo dinero.
También suele aparecer la vergüenza. La vergüenza de que se enteren tus padres, de que te reconozca alguien del trabajo, de que una pareja lo use contra ti o de que algo que hiciste para sobrevivir se convierta en tu etiqueta para siempre.
Y aquí hay una doble vara de medir bastante clara.
Porque vivimos en una sociedad que consume contenido sexual, pero luego castiga muchísimo más a quien lo crea, sobre todo si es mujer. El consumidor desaparece, pero la mujer queda marcada. El que paga no tiene que dar explicaciones, pero ella sí. Ella tiene que justificar si fue libre, si fue consciente, si fue lista, si fue ingenua, si se aprovechó, si la usaron, si debería haberlo sabido.
Y claro, las series meten ahí el dedo porque hay drama, sí, pero también porque es una contradicción enorme de nuestra época.
Queremos libertad sexual, pero seguimos castigando a ciertas mujeres por ejercerla.
Queremos hablar de empoderamiento económico, pero muchas veces solo aplaudimos si el negocio no incomoda.
Queremos que las mujeres sean dueñas de su cuerpo, pero en cuanto monetizan algo relacionado con ese cuerpo, aparece media sociedad con el mazo moral en la mano.
Y lo curioso es que muchas veces el deseo masculino queda limpísimo, casi invisible. No se habla tanto de quien mira, de quien paga, de quien insiste, de quien captura pantalla, de quien reenvía o de quien luego usa eso para hacer daño.
Al final, el foco vuelve al mismo sitio de siempre: a la mujer. A si fue prudente, a si debería haberlo pensado mejor, a si se expuso demasiado, a si “ya sabía dónde se metía”.
La misma película de siempre, pero con WiFi.
También hay un tema de “creator economy”
OnlyFans no está tan lejos de otras plataformas como nos gustaría pensar.
Sí, el tipo de contenido cambia muchísimo, claro. Pero la lógica de fondo tiene cosas parecidas a Instagram, TikTok, Twitch, YouTube o Patreon: crear contenido, atraer audiencia, fidelizar, vender una parte de ti, estar disponible, convertir tu imagen en marca y depender de una plataforma que puede cambiar las reglas cuando le dé la gana.
La diferencia es que en OnlyFans esa venta de intimidad es mucho más directa y mucho más delicada.
Pero la pregunta de fondo es bastante parecida:
¿Cuánto de nosotras estamos dispuestas a convertir en contenido para poder ganar dinero?
Y esto no va solo de desnudos. Va de enseñar tu casa, tus hijos, tus rutinas, tus problemas, tus compras, tus rupturas, tus viajes, tu cuerpo, tu cara sin filtro, tu vulnerabilidad, tu salud mental, tu maternidad, tu duelo, tu vida.
Cada plataforma tiene su moneda. En unas es atención. En otras es deseo. En otras es confianza. En otras es polémica. Pero casi todas nos empujan a lo mismo: mostrar algo de nosotras para que alguien mire.
Por eso este tema aparece tanto en las series. Porque OnlyFans es la versión más evidente, más incómoda y más extrema de algo que ya estamos viendo en muchas partes.
Y a mí esta parte me da que pensar, porque muchas mujeres hemos aprendido a movernos en internet con una mezcla rarísima de libertad y vigilancia. Puedes expresarte, sí. Puedes crear, sí. Puedes ganar dinero, sí. Pero también tienes que medir qué enseñas, cómo lo enseñas, quién lo ve, quién lo guarda, quién lo malinterpreta y quién te lo puede echar en cara dentro de cinco años.
Qué descanso todo.
El dato que desmonta un poco la fantasía
A mí aquí me parece importante separar la imagen que se vende de la realidad.
Porque cuando se habla de OnlyFans, muchas veces se piensa en creadoras que ganan muchísimo dinero. Y existen, claro. Igual que existen youtubers millonarios, tiktokers enormes y gente que se forra con cursos online.
Pero eso no significa que esa sea la experiencia normal.
La mayoría de plataformas de creadores funcionan con una lógica muy desigual: unos pocos perfiles concentran muchísima visibilidad y muchísimo dinero, mientras la mayoría gana poco o directamente nada relevante. Y eso es algo que se cuenta bastante menos, porque vende mucho más la historia de “me abrí una cuenta y ahora gano miles al mes” que la de “me expuse muchísimo, trabajé un montón y apenas saqué para dos facturas”.
Y esto me parece clave.
Porque una cosa es hablar de libertad y otra vender excepciones como si fueran el camino normal.
Pasa con OnlyFans, pasa con TikTok, pasa con YouTube, pasa con los cursos de “gana dinero desde casa” y pasa con casi cualquier plataforma donde parece que cualquiera puede triunfar, pero luego el algoritmo, la competencia y la realidad ponen las cosas bastante menos bonitas.
Por eso me chirrían tanto los discursos demasiado simples. Ni todo es “hazte rica desde casa”, ni todo es “pobrecita, no sabe lo que hace”. Hay mujeres adultas tomando decisiones adultas, sí. Pero también hay un mercado muy listo vendiendo sueños rápidos a gente cansada, endeudada o buscando una salida.
Y eso también hay que decirlo.
Entonces, ¿las series lo están tratando bien?
Depende.
Hay series que usan OnlyFans como recurso rápido, casi como escándalo fácil. Lo meten para que el personaje parezca “atrevido”, “roto”, “problemático” o para darle una trama sexual sin mucho más fondo.
Y eso puede quedarse bastante pobre.
Pero cuando está bien usado, puede servir para hablar de cosas muy reales: precariedad, maternidad, deudas, juventud, soledad, deseo, poder, vergüenza, límites, violencia digital, doble moral y economía de la atención.
Lo interesante sería que las series no lo trataran siempre desde el cliché: la víctima absoluta, la mujer empoderada sin consecuencias o la chica rebelde que lo hace porque sí.
La vida casi nunca cabe en esos tres cajones.
A mí me interesan más las historias que muestran la mezcla: la parte de decisión, la parte de necesidad, la parte de estrategia, la parte de cansancio, la parte de riesgo, la parte de juicio social y la parte de “a ver, esto no era tan sencillo como parecía en el vídeo de TikTok”.
Y me gustaría que también enseñaran más a los hombres de la ecuación. Porque si siempre enfocamos la cámara en la mujer que se expone, pero no en quien consume, paga, presiona, guarda o juzga, estamos contando la mitad de la historia. Y encima la mitad más cómoda para ellos.
Lo que me gustaría ver más
Me gustaría que, cuando una serie mete una trama así, no se quede solo en la escena llamativa.
Me gustaría que enseñara qué pasa después: cuando toca poner límites, bloquear a alguien pesado, vivir con miedo a que algo se filtre, descubrir que no se gana tanto como parecía o depender de una plataforma que puede cambiar las reglas cuando quiera.
También ese momento más incómodo en el que una mujer quiere dejar de sostener una versión de sí misma que quizá ya no le apetece, pero sabe que internet tiene bastante mala memoria para algunas cosas y demasiada memoria para otras.
Porque ahí está la historia de verdad.
No en “se abre un OnlyFans y gana dinero”.
La historia está en qué coste tiene, quién se beneficia, qué margen real de decisión hay y qué pasa cuando tu intimidad entra en un mercado donde todo se puede capturar, guardar, reenviar y sacar de contexto.
También me gustaría que se hablara más de límites, de consentimiento digital, de seguridad, de salud mental, de contratos, de plataformas, de dinero real y de lo que pasa cuando una mujer quiere dejar de hacerlo.
Porque una cosa es entrar y otra poder salir sin que tu pasado se quede pegado a ti como una etiqueta.
Suena dramático, pero internet es muy de guardar recibos. Para lo bueno y para lo malo.
Y nosotras, ¿por qué lo miramos tanto?
También hay que decir una cosa: si estas tramas aparecen tanto es porque nos interesan.
Nos incomodan, pero nos interesan.
Porque nos obligan a hacernos preguntas que no siempre son cómodas:
¿Yo qué haría si necesitara dinero urgente?
¿Juzgo igual a quien consume que a quien crea?
¿Me parece empoderamiento o me parece explotación?
¿Puede ser las dos cosas según el caso?
¿Por qué me incomoda tanto que una mujer gane dinero con su imagen?
¿Por qué algunas formas de venderse nos parecen aceptables y otras no?
¿Dónde pongo yo mis propios límites en redes?
¿Cuánta libertad hay cuando necesitas pagar el alquiler ya?
Y ojo, no hace falta estar de acuerdo con todo ni convertir esto en una defensa de nada. Se puede mirar con matices. De hecho, creo que este tema pide precisamente eso: menos sentencia rápida y más conversación adulta.
Porque si algo nos enseña este tipo de tramas es que la vida económica de muchas mujeres se está volviendo complicada, creativa, expuesta y a veces bastante injusta.
Y que detrás de muchas decisiones que desde fuera parecen fáciles de juzgar, puede haber mucho más: necesidad, ambición, cansancio, libertad, presión, ingenuidad, estrategia o simplemente supervivencia.
Yo no tengo una respuesta cerrada. Me parece un tema incómodo, y quizá por eso mismo merece hablarse sin moralina, sin ingenuidad y sin poner siempre el foco de la culpa en la misma.
Para comentar
¿También habéis notado que cada vez salen más tramas de OnlyFans o contenido adulto en series?
¿Os parece que lo están contando bien o que lo usan solo para dar morbo?
¿Creéis que puede ser una forma de empoderamiento económico, una salida por necesidad o depende muchísimo del caso?
¿Os parece que la sociedad juzga más a quien crea contenido que a quien lo consume?
¿Dónde pondríais vosotras el límite entre compartir, vender, exponerse y protegerse?
¿Creéis que las series deberían enseñar más el papel de los hombres que consumen, pagan o presionan?
Os leo, porque este tema parece de series, pero en realidad habla de dinero, trabajo, cuerpo, redes sociales, juicio social y de cómo cada vez nos piden convertir más partes de nuestra vida en contenido.