Antes de comprar otra crema, mira lo que ya tienes: vamos a gastar nuestros cosméticos
El otro día pensé en una cosa que seguramente os pasa a muchas.
Ves una crema nueva, un sérum, un colorete precioso o ese producto del que de repente está hablando todo el mundo y piensas:
"Lo quiero."
Y a lo mejor no necesitas nada.
Porque abres el armario del baño y tienes una crema empezada.
Otra en un cajón.
Dos sérums.
Una mascarilla que utilizaste tres veces.
Un contorno de ojos que no te pareció nada del otro mundo.
Una hidratante corporal prácticamente entera.
Y ese bote que compraste ilusionadísima y que, sencillamente, nunca recuerdas utilizar.
No quiero plantear esto como un "no compres".
A mí me encanta probar cosas nuevas.
Pero sí me parece interesante empezar a hacer algo antes:
mirar lo que ya tenemos.
Porque quizá no necesitamos otra crema.
Quizá necesitamos terminar una.
El pequeño placer de TERMINAR algo
Últimamente se está hablando bastante de Project Pan.
El nombre viene del maquillaje en polvo: cuando utilizas tanto un colorete, sombra o bronceador que empiezas a ver el fondo metálico del envase, has "tocado pan".
Pero la idea se ha extendido a prácticamente todo:
- Cremas.
- Sérums.
- Maquillaje.
- Perfumes.
- Champús.
- Mascarillas.
- Productos corporales.
La filosofía es sencillísima:
antes de seguir acumulando, vamos a utilizar lo que ya hemos comprado.
Y me gusta porque le da la vuelta a algo que vemos constantemente en redes.
Normalmente enseñamos lo nuevo.
El paquete que acaba de llegar.
El haul.
La novedad.
El producto viral.
Aquí la satisfacción está justo en lo contrario:
en ver el bote vacío.
Primero: saca TODO lo que tienes
Creo que esta es la parte más importante.
Porque muchas veces no somos realmente conscientes de lo que tenemos.
Haz la prueba.
Saca de los cajones, armarios, neceseres y bolsas todo lo relacionado con una categoría.
Por ejemplo, hidratantes.
Y júntalas.
Quizá descubras:
- Una crema de día abierta.
- Otra casi terminada.
- Una muestra.
- Una que compraste de viaje.
- Otra que no te encantó.
- Una corporal.
- Una crema de manos.
Cuando están repartidas por la casa parecen cuatro cosas.
Cuando las pones juntas piensas:
¿EN QUÉ MOMENTO? 😂
Y aquí empieza el juego.
Haz tres montones
Yo no intentaría gastar absolutamente todo por obligación.
Haría tres grupos.
1. Me encanta
Los productos que disfrutas utilizando.
Perfecto.
Esos se quedan.
2. Está bien, pero nunca me acuerdo de usarlo
Aquí suele estar el verdadero tesoro.
No te disgusta.
Simplemente apareció otro producto y lo desplazó.
Este es el grupo que vamos a intentar terminar.
3. No me gusta / me irrita / está estropeado
Aquí no hay ningún premio por sufrir.
Si un producto te irrita, te provoca una reacción o claramente se ha deteriorado, no tenemos que terminarlo para demostrar nada.
Y si está en buen estado pero simplemente no te gusta, podemos ver si tiene otro uso razonable.
Ahí empieza la parte divertida.
Una crema facial que no te encanta puede convertirse en crema corporal
Esta probablemente sea mi reutilización favorita.
Compraste una hidratante facial.
No te irrita.
Está perfectamente.
Pero resulta demasiado pesada para tu cara, no te gusta cómo queda debajo del maquillaje o simplemente has encontrado otra que prefieres.
Antes de dejarla morir durante dos años en un cajón:
pruébala en el cuerpo.
Cuello, escote, brazos, piernas, manos...
Una crema formulada para hidratar la piel facial puede servir perfectamente como hidratante para otras zonas de la piel si sus ingredientes son adecuados para ti.
Y normalmente un bote facial dura poquísimo cuando empiezas a utilizarlo en brazos y piernas.
Problema resuelto.
Ese contorno de ojos que no hace nada especial
Otro clásico.
Compramos un contorno esperando prácticamente que nos devuelva a 2007.
Y...
pues hidrata.
Ya está.
😂
Si no te irrita y su fórmula es simplemente hidratante, puedes utilizarlo en otras zonas de la cara.
Por ejemplo, alrededor de zonas que notes más secas.
Incluso puede acabar convertido en una pequeña crema de manos de bolso si lo que quieres es terminarlo.
No hace falta reservar un cosmético exclusivamente para una zona porque en el envase aparezca la palabra "ojos", siempre que su composición y modo de empleo permitan utilizarlo en piel y no haya una indicación que aconseje lo contrario.
La crema corporal que nunca utilizas
Hay productos corporales que parecen reproducirse solos en nuestros baños.
Si tienes una loción corporal enorme y jamás te acuerdas de utilizarla, cambia su ubicación.
Esto parece una tontería, pero funciona.
Ponla:
- Al lado de la ducha.
- En la mesilla.
- Junto al pijama.
- Cerca del sofá.
- Donde te vistes.
Lo que no vemos, muchas veces no existe.
Y si no te apetece embadurnarte el cuerpo entero todos los días, úsala únicamente en las zonas que más lo necesitan.
Piernas.
Codos.
Rodillas.
Talones.
Manos.
No existe ninguna obligación de hacer un ritual de veinte minutos.
Crema de manos que no te gusta → pies
Esto es fantástico para esas cremas de manos demasiado densas o que tardan siglos en absorberse.
Antes de dormir:
crema en los pies y calcetines.
Fin.
Una crema que te molestaba durante el día puede tener muchísimo más sentido utilizada así por la noche.
Y lo mismo al revés:
si tienes una crema corporal que te gusta pero nunca utilizas, pon una pequeña cantidad en las manos después de ducharte.
No necesitamos necesariamente un producto diferente para cada centímetro del cuerpo.
Un aceite facial que te resulta demasiado pesado
Otra posibilidad.
Si tienes un aceite cosmético que tu cara no tolera bien o simplemente te resulta demasiado graso, comprueba primero las indicaciones del producto.
Si es apto para uso corporal, puedes probarlo en:
- Piernas.
- Codos.
- Cutículas.
- Manos.
- Zonas especialmente secas.
También puedes aplicar unas gotas junto con tu hidratante corporal en la mano justo antes de extenderla.
No hace falta mezclar productos dentro de sus envases.
Mejor hacerlo en el momento de utilizarlos.
Champú que no te convence
Aquí podemos ser prácticas.
Si un champú limpia correctamente pero no te gusta cómo deja tu pelo, antes de tirarlo puedes reservarlo para usos puntuales.
Por ejemplo:
lavar brochas y peines cuando el fabricante de estos accesorios permita agua y jabón.
Un champú suave puede servir para limpiar algunas brochas sintéticas.
Eso sí: acláralas muy bien, evita empapar las partes que no deben mojarse y déjalas secar correctamente.
Y si el champú te ha provocado irritación en el cuero cabelludo, yo directamente no buscaría maneras de aprovecharlo sobre la piel.
Acondicionador o mascarilla que se te queda corta
Puede que una mascarilla no sea suficientemente buena para tu pelo como tratamiento principal.
Pero quizá puedas utilizarla de otra forma.
Por ejemplo, como acondicionador rápido en los lavados en los que no necesitas un tratamiento intenso.
O utilizar una cantidad pequeña únicamente en las puntas.
A veces el problema no es que un producto sea malo.
Es que esperábamos de él una función para la que no nos funciona especialmente bien.
Cambiarle el trabajo puede hacer que finalmente lo gastemos.
Un limpiador facial que te reseca demasiado
Aquí iría con cuidado.
Si te provoca irritación, fuera.
Pero si simplemente te resulta demasiado limpiador para utilizarlo dos veces al día, quizá puedas:
- Utilizarlo con menos frecuencia.
- Reservarlo para retirar productos más resistentes.
- Utilizarlo después de días en los que has llevado maquillaje, siempre que tu piel lo tolere.
La solución no tiene por qué ser terminarlo cuanto antes.
También puede ser utilizarlo menos, pero utilizarlo bien.
El sérum que nunca recuerdas
Antes de buscarle usos extraños, yo probaría algo muchísimo más sencillo.
Ponlo delante.
Literalmente.
Si tienes cuatro sérums abiertos, guarda tres.
Deja uno junto a tu crema.
Utilízalo durante unas semanas.
Cuando se termine, sacas el siguiente.
A veces no necesitamos encontrarle otro uso a un producto.
Necesitamos dejar de competir contra otros seis productos abiertos.
Perfume que ya no te entusiasma
Este es otro producto que puede quedarse años prácticamente entero.
Si el perfume está en buen estado pero ya no te apetece llevarlo como fragancia principal, puedes reservarlo para momentos menos "especiales":
- Después de ducharte.
- Para estar en casa.
- Para salir a hacer recados.
- Para esos días en los que normalmente no utilizarías perfume.
Y si directamente no te gusta, quizá sea mejor regalárselo a alguien que vaya a disfrutarlo.
Utilizar algo por obligación tampoco es consumo consciente.
Maquillaje: aquí podemos jugar muchísimo
Esta parte me encanta porque algunos productos permiten cambiar de función.
Siempre que sean cosméticos en buen estado y estén formulados para utilizarse en esas zonas, podemos experimentar.
Un pintalabios que no utilizas
Algunos labiales pueden utilizarse como colorete en crema si su formulación es adecuada para la piel del rostro.
Pon poquísima cantidad y difumina.
No todos los productos labiales están pensados para otras zonas, así que revisa el etiquetado.
Una sombra marrón
Dependiendo del tono y de si está indicada para esa zona, puede ayudarte a rellenar suavemente las cejas.
Un iluminador demasiado intenso
Puedes utilizar una cantidad mínima como sombra luminosa o en puntos concretos del rostro, siempre que esté aprobado para uso en la zona de los ojos si lo vas a acercar a ellos.
Un colorete que apenas pigmenta
Quizá precisamente por eso te funcione para esos días en los que quieres un resultado muy suave.
Antes de descartarlo, prueba a utilizarlo con otra brocha.
A veces el problema no es el producto.
Es la herramienta.
La base que no es exactamente tu tono
Aquí hay varias posibilidades.
Si es ligeramente demasiado clara u oscura, puedes probar a mezclar en la mano, justo antes de aplicarla, una pequeña cantidad con otra base compatible que ya tengas.
No hagas mezclas caseras dentro del bote original.
También puedes reservar una base que ahora no te encaje para otra época del año si tu tono de piel cambia ligeramente entre verano e invierno.
Eso sí:
si el tono es completamente incorrecto o la fórmula no te funciona, no hace falta empeñarse durante seis meses.
Quizá alguien cercano pueda aprovecharla.
¿Y las muestras?
Tenemos que hablar de ellas. 😂
Esas miniaturas y sobres que guardamos "para un viaje".
Y pasan tres años.
Mi propuesta:
crea una semana de muestras.
Ponlas todas juntas en un pequeño recipiente y déjalas a la vista.
Cada día utilizas una.
Las que te gusten pueden servirte para descubrir algo que realmente comprarías cuando necesites reposición.
Las que no...
por lo menos dejan de ocupar espacio eternamente.
Lo que NO intentaría aprovechar
Aquí sí pondría una línea roja.
No todo tiene que gastarse.
Si un cosmético:
- Ha cambiado de olor.
- Ha cambiado mucho de color.
- Se ha separado de forma extraña y no vuelve a su estado normal cuando corresponde.
- Tiene una textura diferente.
- Te provoca picor, quemazón o irritación.
- Lleva abierto mucho más tiempo del recomendado.
No merece la pena intentar rescatarlo para ahorrar unos euros.
Los cosméticos pueden degradarse y contaminarse con el tiempo.
Busca este símbolo en tus cosméticos 🫙
Seguro que lo habéis visto mil veces.
Es el dibujo de un pequeño tarro abierto acompañado de algo como:
6M
12M
24M
Es el PAO (Period After Opening).
Indica el periodo durante el cual el producto puede utilizarse después de abrirlo en las condiciones previstas.
Por ejemplo:
12M = 12 meses después de abrirlo.
Una idea buenísima es escribir discretamente con un rotulador permanente la fecha en la que abrimos determinados productos.
Porque seis meses después nadie se acuerda.
Con los productos de ojos, pocas aventuras
Aquí sería especialmente prudente.
Máscara de pestañas, delineadores líquidos y otros productos utilizados cerca del ojo tienen más riesgo de contaminación.
No intentaría alargar artificialmente su vida añadiéndoles agua.
Tampoco utilizaría en los ojos un cosmético que no esté indicado para esa zona.
Y si has tenido una infección ocular, conviene extremar las precauciones con los productos que estabas utilizando.
Hay productos que merece la pena terminar y otros que merece la pena tirar.
Saber distinguirlos también forma parte de consumir mejor.
Y el protector solar no entra en el juego
Con el protector solar tampoco intentaría hacer experimentos para "gastarlo".
Si está dentro de su periodo de uso y correctamente conservado, úsalo siguiendo las indicaciones del fabricante.
Pero si está caducado, tiene una textura u olor extraño o no sabes desde cuándo lleva abierto, no lo conservaría simplemente para aprovecharlo.
Aquí estamos hablando de un producto cuya función es protegernos.
No merece la pena jugársela por terminar un bote.
La regla de UNO abierto
Esta me parece una de las mejores formas de evitar que volvamos a acumular.
No sirve para absolutamente todas las categorías, pero sí para muchas.
Un champú abierto.
Una crema corporal abierta.
Un desmaquillante abierto.
Una hidratante principal abierta.
Cuando se termina:
abrimos el siguiente.
Porque el problema empieza muchas veces cuando tenemos cinco productos haciendo exactamente la misma función.
Ninguno se termina y todos envejecen a la vez.
Crea una cesta de "TERMINAR PRIMERO"
Esta idea me encanta.
Busca una cajita o cesta pequeña.
Mete dentro cinco productos.
No veinte.
Cinco.
Por ejemplo:
- La crema facial que está por la mitad.
- El sérum olvidado.
- Una crema de manos.
- La mascarilla capilar.
- Ese perfume al que le quedan dos dedos.
Y durante este mes esos son tus productos prioritarios.
No tienes que utilizarlos obligatoriamente todos los días.
Simplemente estarán visibles.
Cuando termines uno:
entra otro.
Creo que ver cómo la cesta se va vaciando puede ser bastante más satisfactorio de lo que parece.
Antes de comprar, hazte estas cinco preguntas
La próxima vez que veas una novedad que te tiente:
1. ¿Tengo ya algo que haga prácticamente lo mismo?
2. ¿Cuántos productos de esa categoría tengo abiertos?
3. ¿Lo quiero porque realmente me interesa o porque llevo tres días viéndolo en redes?
4. Si no estuviera rebajado, ¿lo compraría igualmente?
5. ¿Podría esperar a terminar uno de los que tengo?
Y si después de responderlas sigues queriéndolo...
pues oye.
También podemos comprarnos cosas simplemente porque nos hacen ilusión.
La idea no es convertir cada compra en un interrogatorio policial. 😂
Es conseguir que la decisión sea nuestra y no del algoritmo, la oferta o el miedo a perdernos algo.
Hagamos nuestro propio reto: TERMINAR ANTES DE COMPRAR 💗
Os propongo algo.
Esta semana abrid vuestro armario del baño.
Sacad todo.
Mirad lo que tenéis.
Y elegid cinco productos que queráis terminar.
No los que odiáis.
No los que están caducados.
Cinco productos que podéis utilizar perfectamente pero que, por algún motivo, siempre terminan desplazados por algo nuevo.
Podéis incluso hacerles una foto ahora.
Y dentro de un mes volvemos a mirar.
A lo mejor descubrimos algo curioso:
que comprar menos no significa disfrutar menos de la cosmética.
Quizá incluso ocurre lo contrario.
Cuando dejamos de tener quince cosas abiertas, empezamos a disfrutar de verdad las cinco que tenemos delante.
Ahora confesad 😂
Quiero saber qué tenemos acumulado entre todas.
¿Cuál es el producto que más se os multiplica en casa?
¿Cremas?
¿Champús?
¿Perfumes?
¿Labiales?
¿Sérums?
¿Maquillaje?
Y si tenéis ahora mismo algún cosmético que no os encanta pero está perfectamente bien, contad cuál es.
A ver si entre todas encontramos una segunda vida sensata para él antes de mandarlo al fondo del cajón. 💗